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Pepe, el renacuajo escolar Pepe era una pequeña rana verde con ojos grandes y expresivos. Desde que salió del estanque y aprendió a caminar sobre sus patitas traseras, su mamá supo que estaba listo para asistir a la escuela de la laguna. El primer día de clases, Pepe se puso su mochila con parches de libélulas y saltó emocionado por el camino de hojas flotantes. Al llegar, vio a otros pequeños anfibios: renacuajos con patas cortas, salamandras tímidas y hasta un sapito que bostezaba sin parar. La maestra, una sabia tortuga llamada Doña Caparazón, les dio la bienvenida con una sonrisa lenta pero cálida. “Hoy aprenderemos sobre los colores del bosque y la importancia de respetar a todos los animales”, dijo con su voz pausada. Pepe escuchaba con atención, pero no podía evitar distraerse. Todo era tan nuevo y emocionante. Vio a un grupo de ranitas jugando con piedritas y quiso unirse, pero justo en ese momento Doña Caparazón hizo una pregunta: —¿Quién puede decirme de qué color son las hojas en otoño? Pepe, queriendo impresionar a todos, levantó su patita sin pensar y gritó: —¡Verdes! Toda la clase se rio, pero la maestra solo sonrió con paciencia. —Algunas sí, Pepe, pero en otoño también hay hojas naranjas, rojas y amarillas. ¡Pronto lo verás cuando llegue la estación! Pepe sintió que su cara se ponía casi tan roja como una hoja otoñal. Pero en el recreo, sus nuevos amigos le dijeron que no se preocupara, que todos cometían errores. Así que pasó el resto del día explorando el aula, aprendiendo a contar con caracoles y dibujando nenúfares en su cuaderno. Al final del día, Pepe volvió a casa saltando de felicidad. La escuela no solo era un lugar de aprendizaje, sino también de aventuras y amigos. Sabía que cada día sería una nueva oportunidad para descubrir el mundo. Y así, con su mochilita llena de sueños, Pepe siguió creciendo, siempre listo para aprender algo nuevo. 🐸✨